Educación vial I

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¿Por qué el Estado no invierte en campañas de educación vial?

¿Cuándo se propaló el último comercial peruano sobre cómo evitar accidentes de tránsito?

Se habla mucho de evitar los accidentes, pero no existe una campaña de educación vial, los peatones van por donde les da la gana y los choferes hacen lo que quieren. ¿Acaso no han habido accidentes generados por los propios polícias? El caos no sólo reina en el transporte, sino en el tránsito en general. ¿Y los responsables? Nunca los hay, hasta que muera alguien conocido. Desde aquí, iniciamos una campaña agresiva de educación vial. Se dice que no hay plata, se dice que “eso todo el mundo sabe”, se dice que “es responsabilidad del Estado”. Si el Estado no existe, entonces habrá que crearlo.

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Las remuneraciones de los altos funcionarios públicos

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En el Perú se ha creado la costumbre de dar caracter de reservado o secreto a hechos o cosas que por su naturaleza no son tales. Uno de ellos es el relativo a las remuneraciones que perciben los altos funcionarios del Estado, desde el Presidente de la República, Congresistas, Ministros de Estado, etc., a los que se menciona expresamente en el Art. 39 de la Constitución vigente y que según el siguiente Art. 40 deben ser publicados periodicamente en el diario El Peruano.
Es decir que, a tenor de lo dispuesto por la Constitución Política, las remuneraciones (sueldos) de dichos funcionarios del Estado deben ser de conocimiento público. Esta medida tiene por objeto una política saneadora, porque, al conocerse los sueldos de los funcionarios en mención, podrá ser más fácil su fiscalización, tanto por los organismos pertinentes como por la ciudadanía, que es la titular del poder público, es decir “el soberano”.

Los funcionarios del Estado, desde el Presidente de la República, que tiene la más alta jerarquía, hasta los funcionarios de menor rango, desarrollan sus funciones por elección o por delegación; pero el titular sigue siendo el pueblo. En tal virtud, se encuentran al servicio de la Nación y, por consiguiente, lo que perciben como ingresos, por tal función, debe ser del conocimiento público, sin subterfugios de ninguna clase.

Dar a publicidad los sueldos o ingresos mencionados supone, cumplir el mandato de la Carta
Básica que rige la vida del país y es un medio idóneo para combatir la corrupción pública que tanto afecta al Perú desde antes de su nacimiento como República; es decir, que tiene rancia estirpe.

Tal medida debe tomarse de inmediato, porque resulta inconcebible que no se conozca, por ejemplo, cuánto gana el Presidente de la República y es del dominio público lo que se mencionaba como ingreso del penúltimo Presidente, y los signos exteriores de riqueza de que hacía gala (gastos privados, familiares, etc.)

Tampoco es dable ni menos aceptable, que los altos funcionarios de un Estado que sufre inveterada crisis económica, sean los que perciben los ingresos más elevados entre los trabajadores del país, más que, inclusive, funcionarios de grandes empresas privadas transnacionales, que sí producen cuantiosas ganancias en beneficio de sus empleadores.
Debe terminar la injusta situación consistente en que un empleador pobre tenga que endeudarse día a día para pagar los sueldos de funcionarios que poco o nada hacen para remontar la crisis económica, cada vez más agobiante, que afecta a su empleador.

Es el momento más propicio para efectuar las correcciones necesarias, que hagan efectivo el conocimiento público de los ingresos de los altos funcionarios del Estado, conforme al referido Art. 40 de la Constitución de 1993.

¡Sí, juro! ¡No, juro!

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Publicado originalmente: 01-05-2007

En los últimos días hemos visto, a través de la TV, distintas ceremonias de juramentación de cargos públicos, tanto de Congresistas, primero, como del nuevo Presidente de la República y luego de los Ministros de Estado. La Constitución Política del Perú y la Ley establecen que los cargos en mención requieren, antes de asumirlos, prestar juramento para su desempeño. En efecto, todos estos altos funcionarios del Estado fueron convocados, en su momento, y en el lugar respectivo para cumplir con ese requisito. ¿Pero, qué sucedió? Resultó que al momento de responder a la fórmula del juramento, que se hace a modo de pregunta y que debe ser contestada con un SÍ, claro e indubitable, la mayoría de los Congresistas, lejos de pronunciar su aceptación y compromiso, que significa el SÍ, hicieron diversas invocaciones, todas ellas completamente desvinculadas a la naturaleza del cargo que van a desempeñar; y, lo que es peor todavía, en ningún momento respetaron la obligación de expresar que asumían, sin excusas el fiel cumplimiento del desempeño de la función respectiva.

¿Qué contestaron cuando se les hizo la pregunta en mención? Algunos dijeron: Por mi pueblo, por mi esposa o por mi club deportivo: SI JURO.

Bueno, tal modo de practicar el juramento no es correcto. El SI JURO tenía que ser la primera respuesta a la pregunta que le hacía el funcionario correspondiente y luego el juramentado podía agregar por qué otro motivo, que seguramente era muy valioso, también se comprometía. O, podían haber expresado lo siguiente: TAMBIEN, POR TAL RAZON, SI JURO.

Pero, como no se observó la formula, que rigurosamente debe ser cumplida, resultan nulos los juramentos prestados por todos aquellos que incurrieron en la irregularidad señalada. Existen las grabaciones, con imagen y sonido, que podría ser invocadas para la declaración de las correspondientes nulidades. ¿Qué pasó? ¿Nadie dió las indicaciones previas para el efecto? ¡ Qué tal descuido con algo tan serio ! Deben tomarse medidas para que esto no se haga costumbre.

Moquegua histórica: Su arquitectura y su gente

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Publicado originalmente: 01-05-2007

Una ciudad se define por su gente, territorio, clima, su pasado y presente, etc., pero, sobre todo, resulta diferente a otras por las características especiales que tiene su arquitectura, ya sea porque siempre tuvo un diseño singular o porque se trata de algo moderno y distinto. En el caso de Moquegua, situada en el extremo sur del Perú, a poco más de cien kilómetros del mar y en las faldas de la cordillera de Los Andes, con un clima cálido permanente, bajo índice de humedad y un excepcional ambiente apacible, su característica arquitectónica por siglos ha sido la de responder a un trazo propio de ciudad española, edificada en medio de restos arqueológicos de antiguas culturas locales pre-incas, con casas y casonas hechas de adobe, portadas de piedra, puertas de madera con aldabones de bronce y techos de mojinete, algunos con “V” invertida y otros como “V” invertida-trunca, casas simples, en su mayoria, salvo algunos muy notables solares con muebles que testimoniaban un pasado de comodidad económica provinciana, con objetos traídos de Europa en época lejana de relativo esplendor.

Si bien, a lo largo de la historia, Moquegua sufrió muchos terremotos, al igual de su vecina Arequipa, una y otra supieron levantarse de sus escombros, utilizando los mismos materiales de construcción, es decir, en el caso de Moquegua, el adobe tradicional, piedra sillar para las portadas, caña con amarras de cuero, sobre maderas (lumas, maderas fuertes y resistentes a la polilla, traídas de Bolivia) y una torta de barro encima. Estas casas, en muchos casos tuvieron dos pisos con balcones y rejas de fierro, llenos de adornos. Después de cada terremoto venía una corta etapa de limpieza de escombros y reconstrucción con igual diseño y sin mayores cambios; por lo menos esto fue así hasta finalizar la década del cuarenta, del siglo pasado. A partir de los siguientes cincuenta años, las construcciones empezaron a sufrir cambios, primero fue el cemento, el yeso, luego el ladrillo y otros materiales modernos que empezaron a utilizarse no sólo en las construcciones nuevas sino, también, en las ampliaciones o reconstrucciones de las antiguas. Maestros de obra venidos de fuera cambiaron las costumbres de los locales. Especialmente, fueron modificando fachadas y techos, primero; luego hicieron construcciones semejantes a las que también invadieron otras ciudades del Perú, que asemejan cajones cuadrados o rectangulares, con ventanas sin ningún atractivo, a diferencia de las que existieron antes, que tenían rejas ornamentales y portezuelas para coquetas y fisgones. Todo eso fue desapareciendo, paulatinamente, y el centro histórico de Moquegua empezó a perder la típica característica de rancia ciudad colonial-republicana decimonónica y empezó a presentar verdaderos lunares arquitectónicos, de mal gusto que la afeaban, aunque sus propietarios sostuvieran que eran más funcionales y a tono con los nuevos tiempos.

Por otro lado, Moquegua sufrió emigraciones en diversas épocas, sobre todo la que se produjo después de la invasión chilena, durante la guerra (1880 a 1883), que trajo tantos males, por la destrucción de los viñedos y bodegas donde se fabricaban vinos y piscos de gran fama en el sur del Perú, Bolivia y el norte de Argentina, aparte de los saqueos que también afectaron duramente el patrimonio de las familias moqueguanas. Otra emigración sucedió con la peste de “Grippe”, así con doble “pp” como lo señala el historiador moqueguano Ismael Pinto, hecho que se produjo en las primeras décadas del siglo XX. Pero, éstas no fueron las únicas salidas de habitantes que sufrió la ciudad, porque en la época del Presidente Leguía, también familias enteras dejaron Moquegua y, por muchos años, cada mes de enero, jóvenes que habían terminado sus estudios secundarios emigraban a distintos lugares, inclusive al extranjero, en busca de Universidades o Institutos Superiores, civiles o militares, que no los había en Moquegua. Muchos, no volvieron jamás.

Moquegua, entonces, se volvió una ciudad que existía más en el recuerdo de los moqueguanos, en el ostracismo, que la conmemoraban cada 25 de noviembre, al recordar el aniversario de su fundación española. Físicamente, Moquegua fue sufriendo irremediables cambios, porque sus nuevos habitantes no le tenían el apego que dan las tradiciones de un pueblo cuyos habitantes se transmiten las costumbres y vivencias, en tanto que los de la nueva población, por propia dinámica tendrían nuevas experiencias o simplemente se prolongaron las que habían traído de los pueblos de origen.

De allí que, al volver a su ciudad, un antiguo moqueguano se encontraba con cambios notorios y notables, verdaderas transformaciones que habían desfigurado a la ciudad, sobre todo en su centro histórico y porque, además, de los cambios no se había efectuado siquiera el más mínimo mantenimiento. Era ya una ciudad vieja, al borde de la destrucción. En tales condiciones la encontró el último y feroz sismo del mes de junio del año en curso. La ciudad debilitada, descuidada y casi moribunda, no pudo resistir la fuerza del fenómeno y se vino abajo. Las pequeñas historias de amistades y familias, sus antiguas y casi olvidadas costumbres, los chismes y “rajes”, la confirmación mediante sobrenombres y tantos otros recuerdos han perdido los espacios donde se forjaron.

Y, ahora, viene lo más drámatico, la reconstrucción. ¿Será posible? ¿Existirá la necesaria toma de conciencia que se requiere de modo imprescindible para llevar adelante una tarea no solamente onerosa sino de verdadero sacrificio de intereses, que para emprenderla demanda de un verdadero amor a la tierra y culto a su pasado? Sólo Dios sabe si será posible. Hagamos todo para lo que sea.

Pasto Grande: La Guerra del Agua

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Publicado originalmente: 01-05-2007

La Región Moquegua durante muchas décadas pasó una verdadera via crucis para lograr se hiciera realidad el Proyecto Pasto Grande, que le permite mejorar el riego de sus valles, proveer de agua potable a sus ciudades e iniciar nuevas tierras, en un lugar de la costa del Perú, donde se necesita incrementar la agricultura a la máxima potencia.

El agua, viene a constituir en la actualidad el recurso natural de mayor valor para la Región Moquegua, porque su agricultura desde hace más de 10,000 años es la única actividad económica perdurable, que hace posible vivir en esa zona. La tierra del pisco, los dulces y las frutas de sabor singular e incomparable, no puede ni debe sufrir lo que sería la catástrofe más grande después de la Guerra del Pacífico, en que fueron destruidos sus viñedos, bodegas y saqueada varias veces su ciudad capital.

Cuando el Proyecto Pasto Grande necesitaba de la ayuda de los políticos, inversionistas y del gobierno nacional, nadie, ni sus vecinos que ahora pretenden aprovecharlo, se interesaron en el mismo. Tuvieron que ser solo los moqueguanos, generación tras generación, los que luchando día a día, lograron arrancar la decisión de llevarlo adelante, a los gobiernos de las últimas décadas. Pero ahora, que ya se obtuvo el agua, surge la codicia, principalmente de los arequipeños del valle de Tambo, que pretenden despojar a Moquegua, dicen que temporalmente, de una parte importante del recurso hídrico, atentando gravemente contra la vida, la salud y el desarrollo de los habitantes de la Región Moquegua.

Tanto los valles interiores como los de la zona costera, las ciudades y el puerto de Ilo, por donde debe realizarse la entrada y salida de productos del comercio internacional, se verían seriamente perjudicados con el despojo inaceptable que se pretende concretar.

Y es peor aun, que esto suceda en los días previos al aniversario de la ciudad de Moquegua, en cuya fecha central (25 de noviembre) el gobierno nacional había determinado transferir el Proyecto Pasto Grande al gobierno regional. ¡ Qué tal sarcasmo !

Por eso, los habitantes de Moquegua se encuentran en diaria y generalizada protesta, por eso, también, debe manifestarse la solidaridad y escucharse la protesta enérgica de los moqueguanos que residen en la capital de la República, suspendiendo en este año toda celebración en Lima por el aniversario fundacional. Moquegua está luchando por su viabilidad futura, por su actual subsistencia y por su desarrollo como Región. Será muy díficil para la zona asegurar la vida de sus habitantes si no cuentan con el agua de Pasto Grande en su volumen actual.

En ningun momento debe olvidarse que la explotación de los yacimientos mineros no le han dado a Moquegua importantes beneficios y casi todo el provecho ha sido para el resto del país y que la pesca en Ilo ha tenido la misma suerte.

Por ello, defender Pasto Grande para Moquegua resulta de importancia vital y todo buen moqueguano debe hacerlo.

¿De qué y cómo vive la gente?

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En el Perú, hasta hace algunos años, muchas de las personas en edad productiva contaban con puestos de trabajo, tanto en la actividad privada como en el Estado, empresas públicas, municipios, etc. y era cosa diaria que a determinadas horas del día se produjeran aglomeraciones en los paraderos de omnibuses y colectivos, en las denominadas horas punta. Aspirar a un puesto de trabajo en cualquiera de las instituciones aludidas era lo más común. Los jóvenes egresados de colegios secundarios, institutos o aún los que sencillamente se había quedado con la primaria, todos, unidos a los nuevos profesionales y los trabajadores despedidos o renunciantes podían tener la esperanza de un pronta ocupación de empleado u obrero. Claro está que en esa época la población era notoriamente menor, por lo que tal situación se daba con menos dificultades que en la actualidad.

Hoy las cosas son totalmente distintas. Por las mañanas, por las tardes y noches ya no vemos gente agrupada en paraderos de omnibuses, algo más, no existen ni paraderos ni omnibuses. Los trabajadores obreros y empleados cada vez son menos. En cambio, han aumentado explosivamente los comerciantes ambulantes y los trabajadores independientes, sean profesionales o no y por supuesto, el número de desocupados se ha multiplicado sin límite.
De otro lado, encontramos también mayores formas de delincuencia, desde los que cometen los delitos históricamente conocidos hasta los que se dedican a nuevas conductas antisociales, como los narcotraficantes de pequeña, mediana y gran escala, contrabandistas mayoristas, estafadores de grandes monto, sin dejar de lado a los que se han aprovechado de los cargos públicos para enriquecerse ilícitamente, dándoles nuevas y temerarias modalidades a la corrupción en perjuicio del Estado y de la sociedad, etc.

El panorama ha cambiado sustantivamente, por lo que ahora cabe preguntarse con gran preocupación: ¿EN QUÉ SE OCUPA Y COMO VIVE LA GENTE?

Si queremos encontrar respuestas en cada persona, nos sorprenderán las que podamos recibir, desde aquellas referidas a los que perdieron su trabajo y que con los incentivos que recibieron por su renuncia compraron vehículos que ahora los dedican al transporte de pasajeros (taxis, microbuses, triciclos, motonetas, etc.) los que nos digan que están ocupados en los más diversos oficios: Artesanía, pequeñas empresas (individuales o colectivas, familiares o no), dedicados a labores ocasionales, esporádicas o simplemente que viven buscando trabajo sin encontrarlo y sólo pueden seguir existiendo gracias a los comedores populares u otras entidades que reparten alimentos a precios simbólicos (ayuda pública).

Pero, también, debemos tener en cuenta que gran cantidad de jóvenes, que se incrementa año a año, ingresan a las universidades y otras instituciones superiores y otros o se preparan para hacerlo o al no haberlo logrado regresan a las academias para continuar su preparación.

En resumen, cada día en el país vemos más habitantes, tanto niños, jóvenes, adultos y ancianos y nos asalta la misma pregunta sin respuesta suficiente: ¿DE QUE Y COMO VIVE LA GENTE EN EL PERU?

¿Es válida la Constitución de 1993?

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Publicado originalmente: 03-05-2007

Más allá de que estemos o no de acuerdo con la Constitución del 93, ahora que se encuentra al voto en el Tribunal Constitucional la Resolución que debe decidir si tiene o no vigencia dicha Carta, resulta oportuno hacer algunas reflexiones sobre la materia:

1. ¿Cúal es la cuestión controvertida? Indudablemente que establecer la vigencia de dicha Constitución o no, es la respuesta a tal pregunta. Para el caso, previamente, debe precisarse si la Constitución del año 1979 conserva su vigencia por algún motivo jurídicamente sostenible. Debe tenerse presente que, a partir del 01 de enero de 1994, se puso en vigencia la cuestionada Constitución del 93.

2. Igualmente, se debe establecer,en forma previa y concluyente, si el Tribunal Constitucional es el órgano competente para resolver dicha controversia. Si lo fuera como parece, entonces tendría que justificar cómo es que seguiría existiendo en el caso que se re-estableciera la vigencia de la Carta de 1979, si la elección de su miembros, juramentación e instalación, y actual funcionamiento tienen su punto de partida en la del año 93.

3. Situación distinta estaríamos viviendo si tanto los integrantes del Tribunal Constitucional así como los de los tres Poderes del Estado y los miembros de todos los actuales Organismos Constitucionales antes de ser elegidos o nombrados hubieran manifestado que aceptaban su elección o nombramiento conforme a las normas de la Constitución del 79, hecho que nunca se produjo.

4. Por otra parte, la Constitución del 93 fue elaborada por un Congreso elegido para el efecto y ratificada por un referendum, que si bien fue cuestionado, finalmente la población lo aceptó, completándose la formalidad que se señaló para la entrada en vigencia de dicha Carta.

5. Pero no sólo eso, sino que innumerables normas de la legislación ordinaria, orgánica y supranacional en vigencia han sido aprobadas conforme a lo establecido por la Carta del 93.

6. El argumento invocado de que el ahora Presidente del Tribunal Constitucional, cuando era congresista elegido también conforme a la Carta cuestionada, arrojó su texto al piso del Parlamento, no tiene relevancia, porque sin lugar a dudas no significó en su momento ni significa actualmente otra cosa que un hecho anecdótico, sin fuerza para quitarle vigencia a esa Constitución.

7. En cambio, si cabe continuar un combate político contra la Constitución de 1993 hasta lograr que sea sustituída por una más moderna, democrática e inspirada en la realidad actual del Perú, que incorpore o re-establezca todas las instituciones que resultan necesarias, como es el caso de la Cámara de Senadores, por ejemplo, para evitar la inmensa cantidad de leyes observadas que se da actualmente. Para tal efecto, debe acudirse al titular de la soberanía, es decir al pueblo.

8. Una Asamblea o Congreso Constituyente traerían la solución que el caso requiere.

9. ¿Quién sería el llamado a convocar a dicha Asamblea o Congreso? Estimamos que el llamado a hacerlo es el Congreso actual, mediante una ley cuyo proyecto se fundamente en la situación que resulte de la Sentencia del Tribunal Constitucional, que si bien estamos seguros, no le va a quitar vigencia a la Carta del 93 si analizará en sus Considerandos, todos los motivos que han determinado su cuestionamiento, creando toda una corriente doctrinaria en contra de su viabilidad futura y más todavía cuando el propio Congreso estuvo llevando adelante el debate de una nueva Carta política para el país.

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