Publicado originalmente: 03-05-2007

La segunda reelección de Alberto Fujimori llevó al Perú a una circunstancia sumamente difícil de la que, a pesar de los buenos oficios del Gobierno llamado de Transición, que ejerció el Dr. Valentín Paniagua Corazao en tiempo efímero, todavía el país no encuentra el camino por el que pueda alcanzar la solución de los acuciantes problemas que lo afectan desde hace, por lo menos, cuatro décadas. O sea desde el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry, propiamente la última etapa, hasta el momento, ninguna de las políticas aplicadas por los sucesivos gobernantes, civiles y militares, o civiles asociados a militares, han podido lograr resultados eficaces. Tales políticas muchas de las veces no han pasado de buenos intentos y otras de decisiones ilusas, sin dejar de recordar las que fueron realmente malévolas y perversas.

En estos días vivimos momentos más peligrosos todavía, porque el gobierno y aun el régimen en su totalidad muestra más debilidades y carencias que las fortalezas que se requieren para encontrar soluciones acertadas y que aseguren la viabilidad de la democracia política peruana. ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué, cuando nos acercamos a los doscientes años de fundación de la República Peruana, todavía nuestras instituciones resultan sumamente endebles, incapaces para lograr la gran promesa que justificó su creación?

La respuesta podría ser que el Perú no es la única república de latinoamérica que se encuentra en esta situación, porque situación parecida afecta al resto de nuestros paises, que fueron colonias de España y que nacieron casi al mismo tiempo a la vida independiente.
Pero si tal fuese la respuesta, esta no satisface. Es tiempo que la reflexión de la clase política permita dejar de lado los intereses y egoísmos exclusivamente partidarios o de grupo y todos comprometan su creatividad y esfuerzos en un plan conjunto de gobierno, en un plazo razonable, que podría ser de dos años, por ejemplo, en el que el Perú pueda superar las trabas, cada vez mayores, que frenan su desarrollo, tan necesario, diríamos imprescindible, para evitar caer en el caso y la anarquía. Los paros y huelgas, las marchas con toma de carreteras, los asaltos en la vía pública en cualquier ciudad del país y a cualquier hora, la aparición de cadáveres en las calles, cada vez con más frecuencia, aparte de la inseguridad pública que nos muestran, son la campanada de alerta que nos obliga a todos los peruanos a efectuar concesiones de privilegios o comodidades personales, si aún las tenemos, y nos pone en la necesidad impostergable, crucial, de tomar medidas propias de un buen gobierno. Hagamos todo lo necesario para evitar que llegue la hora trágica de los lamentos.

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