Publicado originalmente: 01-05-2007

Claudio Pizarro y otros jóvenes futbolistas peruanos triunfan en diversos equipos del mundo; pero, al mismo tiempo sucede que los equipos profesionales del país se encuentran en el momento más adverso, tanto que hasta los fanáticos más redomados ya no asisten a los partidos y la misma televisión no los considera en sus programas, salvo excepciones o en el caso de campeonatos en los que interviene la Selección Nacional.

Y, hablando de la Selección Nacional de Fútbol, la cosa no es mejor sino al revés, ahora lo raro y hasta extraordinario es que la Selección gane un encuentro; pero, sucede que los escasos triunfos se dan solamente en partidos intrascendentes. Lo común es que el Seleccionado termine su participación en la primera rueda de un Campeonato, y, del Mundial, olvidémonos por no se sabe cuántos cuatrienios.

Por ello, tenemos la convicción de que ha llegado el momento de decir: ¡BASTA YA!
Pero no es suficiente la indignación para encontrar el camino de solución al asunto. Es claro y no admite contradicciones que el fútbol provoca las más grandes emociones y tal vez sea de lo poco que mueve el débil sentimiento de unidad nacional. Un triunfo de la Selección resuena y saca de la apatía a los peruanos como ningún otro acontecimiento, aún en las tragedias, como el terremoto último que ha causado tanto desastre en el sur del país tiene el efecto mágico de un triunfo peruano en el fútbol.

Esto debe ser muy tenido en cuenta, más todavía cuando un congresista, al momento de jurar al cargo, invoca el nombre de su equipo de balompié.

Seamos honestos y tomemos al toro por las astas. Aquí, como en muchos aspectos de la vida nacional, necesitamos urgentemente de medidas radicales, sobre todo saneadoras, transformadoras de lo que hasta la fecha conocemos y manejamos. Las glorias del año 36 del siglo pasado ya descansan en la paz de los justos; los de México ‘70 (1970, también del siglo pasado) son bastante mayores y resulta imposible que vuelvan a defender la casaquilla nacional en un Campeonato Mundial de fútbol. Los seleccionados de los años posteriores no vale la pena recordarlos porque no han tenido éxito.

Entonces, ¿Por dónde empezar? La respuesta es por cambiar totalmente la actual organización que maneja tanto el fútbol de aficionados como también el de los profesionales; porque ni uno ni otro tienen los niveles que deben alcanzar. Igualmente, deben producirse cambios de actitud en todos los que alguna forma tienen que ver con esta actividad; quedan comprendidos el Estado, la totalidad de dirigentes de las instituciones privadas que se ocupan del tema, los medios de comunicación: ¡Especialmente los comentaristas de radio, TV y prensa escrita diaria y de revistas, publicistas, etc.! Nadie debe escapar en esta cruzada nacional para el salvataje de una actividad que tiene que ver directamente con la salud espiritual de la Nación, o es que ¡así es el fútbol !

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