Publicado originalmente: 03-05-2007

Las actuales ciudades en el Perú, en su mayoría, fueron fundadas por los conquistadores españoles, muy pocas son las que existen desde la etapa prehispánica, como es el caso del Cusco. Las demás: Lima, Piura, Arequipa, etc. ostentan como partida de nacimiento un acta de fundación española.

Sin embargo, existen también, y fundadas indudablemente por conquistadores españoles otras como Moquegua, que hasta la fecha no pueden exhibir su acta de fundación, sea porque se perdió o porque sencillamente hasta ahora no ha podido ser encontrada o, lo que es improbable, que no se redactó el tradicional documento.

Pero, con acta o sin ella, todos los indicios llevan a determinar que la vieja y señorial ciudad de Moquegua no existió antes de la venida de los europeos y si bien hubieron culturas locales que tuvieron singular desarrollo y cuyos restos arqueológicos se muestran magníficamente en un museo construído en parte de lo que fue la iglesia matriz de la ciudad, ubicado en la plaza de armas, lo cierto es que antes de la llegada de los conquistadores españoles a la zona no existió allí una verdadera ciudad, como es el caso del Cusco.

Ahora bien, la no existencia del acta de fundación impide afirmar rotundamente cual es el dia, mes y año en que nace la ciudad, pero esto no es obstáculo para que, desde hace muchos años se haya tomado como fecha de su aniversario el de la celebración de su patrona, Santa Catalina de Guadalcázar, es decir el 25 de Noviembre. Esta fecha ha sido aceptada sin mayor discusión y, por consiguiente, en ella se realizan las celebraciones oficiales y populares de esta histórica, típica y acogedora ciudad sureña, que este año se vió afectada por el feroz sismo del mes de junio, que la ha dejado prácticamente en ruinas, sin poderse recuperar hasta ahora.

Pero las ciudades viven y se definen por su gente, territorio, lo que producen, su pasado y su presente, etc., además, resultan diferentes a otras por las características especiales de su clima, valles, ríos y porque no, por su arquitectura, ya sea porque siempre tuvieron un diseño singular o porque se trata de algo, aunque moderno, distinto, como Brasilia, por ejemplo.

En el caso de Moquegua, con clima cálido permanente, bajo índice de humedad y excepcional ambiente apacible, tiene tambien una arquitectura característica, que la ha conservado por siglos: Sus casas y casonas están construídas con adobe, portadas de piedra, puertas de madera co aldabones de bronce o de fierro y lo más singular, techos de mojinete, alguno con “V” invertida y otros con “V” trunca, casas que si bien no son majestuosas, sino más bien sencillas, salvo algunos solares muy notables, testimonian un pasado de relativa comodidad y esplendor, época en que los piscos y vinos de Moquegua se exportaban a Bolivia y norte de Argentina, periodo anterior a la infausta guerra con Chile, que le causó irreparables destrozos. Ahora bien, de todos los daños que ha sufrido Moquegua, superando las salidas constantes de sus pobladores, migrando a otras ciudades del Perú, sean Lima o las vecinas, Tacna y Arequipa, o las migraciones anuales de los jóvenes que terminaban la educación secundaria y aspiraban a los estudios superiores; sin lugar a dudas, el daño mayor es el que le ha provocado, especialmente a su centro histórico, el terremoto del 23 de junio del presente año, en que la destrucción afectó a cerca del 80% de sus casas de adobe, muchas de las cuales ya no volverán a edificarse y de las que sólamente queda para el recuerdo el testimonio de las fotografías, algunos videos y, especialmente, los libros del escritor moqueguano Ismael Pinto, uno de los cuales, premonitoriamente, salió a la luz pocos días antes del sismo.

Cierto es, también, que en las últimas décadas la ciudad antigua se encontraba bastante descuidada, sin recibir el mantenimiento adecuado, tanto en edificios públicos como en los de propiedad privada, por una u otra razón, pero todo esto que no hizo sino debilitarla, la encontró en su peor momento el fenómeno destructor, es decir, el hombre por una parte y la naturaleza por otra, conspiraron contra la ciudad. Ahora, sólo la real toma de conciencia del valor que tiene Moquegua, la tenacidad de sus habitantes, el cumplimiento del deber de los órganos del Estado y de las instituciones comprometidas con la conservación de ciudades como la nuestra, así como la visión de quienes se decidan a invertir con un propósito comercial y turístico, podrán hacer que Moquegua recupere su presencia en el panorama arquietectónico del sur del Perú. Nuestro voto va porque lo logre.

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