Publicado originalmente: 21-03-2008

Breve nota histórica:
Felices los años del quinquenio 1954-1958 en que estudiamos la secundaria en el Sesquicentenario Colegio Nacional La Libertad de Moquegua, uno de los cuatro Colegios que fundó el Libertador Simón Bolívar.

La educación primaria, la cursamos en la Escuela Rafael Díaz Nº 971, nombre que le colocaron en memoria de un maestro moqueguano que educó a varias generaciones de jóvenes que más tarde destacaron en la vida del país.

El Colegio Nacional La Libertad fue durante mucho tiempo la primera institución educativa del Departamento de Moquegua y su prestigio abarcó toda la zona sur del Perú. Funcionó en el local que condujeron a su vez los jesuitas en la Colonia y luego los franciscanos de propaganda FIDE, cuando aquellos fueron expulsados, por difundir sus ideas libertarias en Sudamérica. Allí se cobijó hasta el término del primer semestre del año 1958. De modo que nuestra Promoción fue la última que egresó de esos claustros, que luego pasaron en uso al Colegio Nacional de Mujeres Santa Fortunata. Recordamos todavía la profunda nostalgia y pena que nos produjo el tener que abandonar esos muros pletóricos de recuerdos y testigos de los esfuerzos de toda una pléyade de profesores, que se encargaron de formar a jóvenes estudiantes que, sin mayor esfuerzo, ingresaban a instituciones militares y civiles, incluyendo universidades exigentes y de prestigio como la de San Marcos, San Agustín, San Antonio de Abad y otras.

La vida en el Colegio:
Pasar del nivel primario a la Secundaria planteaba una situación personal muy singular, frisábamos los 11 años de edad, coincidiendo con el inicio de la adolescencia. En lugar de tener un profesor para todos los cursos, salvo la educación física y la pre-militar, ahora cada curso tenía un profesor distinto. Caballeros de mayor edad que los profesores de primaria, que vestían de modo distinto, que tenían conocimientos especializados, todo esto nos impactó y desde el primer año fue modelando personalidades y despertando vocaciones para la vida futura de cada uno de nosotros.

Creemos que desde el Director, los profesores, los encargados de la disciplina, todo era diferente. El mismo local contribuía a darnos un porte, un señorío de jóvenes con una mayor presencia en la vida de la ciudad. Empezábamos a sentirnos gente importante, porque el Colegio tenía una banda de guerra que la lucía en los desfiles, organizaba juegos florales de poesía y prosa, presentaba obras teatrales en veladas memorables. Es oportuno dejar constancia que en el año 1954, el Colegio era mixto, lo que contribuyó a que tuviéramos muchas amigas alumnas. El Colegio destacaba también en los deportes: tenía un poderoso equipo de fútbol, otro de básquet, destacados nadadores y se realizaban competentes de atletismo.

Personalmente, nosotros, negados para la música, el teatro, los deportes y las relaciones sentimentales, nos dedicamos al estudio, aprovechando la guía valiosa que significaban las enseñanza de profesores de enorme vocación como Hugo Díaz Vargas, Herbert de la Flor Angulo, Juan B. Scarsi, Guillermo Luque, Julio Ernesto Tapia W. (un joven ex-lasallano, con mucha llegada a los jóvenes), Alfredo Amú Alzamora, Nelson Barreda y otros tantos virtuosos educadores, que nos dieron la capacitación necesaria para permitirnos el ingreso directo a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde nos encontramos con maestros moqueguanos que eran figuras de prestigio internacional: Manuel G. Abastos y Luis E. Valcárcel, entre otros.

Mil ilusiones:

La formación que nos dio el Colegio produjo el nacimiento de mil ilusiones, porque nos sentíamos preparados para todos los desafíos. Unos optamos por los estudios para ser educadores, otros militares. No faltaron los que quisieron ser historiadores o abogados y otras profesiones, algunas veces concluidas y otras no. Tampoco faltó él que hizo creer que podría abrazar la vida sacerdotal y confundió a más de uno.

Siempre hemos tenido presente al Colegio, en nuestra vida, así como a la tierra moqueguana. Hemos actuado a favor de su desarrollo todas las veces en que la oportunidad lo ha permitido, individual y colectivamente, colaborando en gestiones, libros, revistas y periódicos, especialmente al cumplirse el sesquicentenario de la fundación colonial del Colegio (queda de testimonio un libro), sin ambiciones malsanas ni actitudes mezquinas.

Han pasado 50 años de nuestro egreso del querido e histórico Colegio. Muchos han ocupado destacados puestos en el Estado y otros en la actividad privada. Todos nos sentimos orgullosos de pertenecer a la Promoción 1958.

Anuncios