Publicado originalmente: 19-08-2007
Profunda conmoción y el más grande motivo de solidaridad con los habitantes de los pueblos de Pisco, Ica, Cañete, Chincha y otros de la zona, ciudades, villorrios, el campo, asentamientos humanos y toda aquella parte del territorio del sur de Lima, de costa a sierra, ha provocado el terremoto de 8 grados de magnitud (15-08-07), que los han afectado y sigue todavía perjudicando, a través de las consiguientes réplicas, con movimientos de menor intensidad, pero que en muchos lugares pueden aumentar el desastre. Nos compromete inconmensurablemente.
Nuestro Pensamiento y Palabra asume la parte que le corresponde dentro de ese dolor y contribuirá en lo que de acuerdo a su naturaleza puede dar y para que la atención a los damnificados, así como la reconstrucción, que debe iniciarse prontamente, se hagan con racionalidad e inteligencia; tomando en cuenta todos los recursos que la Ciencia y la Tecnología ofrecen en estos momentos, producto de los estudios efectuados, tanto en el Perú como en otras zonas que han sufrido similares perjuicios. Se deben recoger, sin mezquindades, toda la experiencia, usando los materiales de calidad de acuerdo a la economía, a los suelos, y a la organización que permanentemente debe existir en los lugares poblados para que en casos como el sucedido, la ayuda pueda darse lo más inmediatamente posible y que que no vuelva a suceder como esta vez, que se neutralizó en un determinado momento la llegada de los vehículos que conducían la ayuda, tanto de personas como medicinas, materiales, alimentos, etc.
Los lugares de asistencia de salud, hospitales, clínicas, centros de atención de emergencias, compañías de bomberos, comisarías, etc., integren con eficacia y conocimiento pleno de la ciudadanía, un verdadero sistema de seguridad y asistencia.

Resulta inconcebible, por ejemplo, que los camiones que conducían la ayuda para los damnificados fueran asaltados por malhechores y hasta por gente que demandaba con urgencia los bienes que se remitían para el auxilio.

La reconstrucción debe hacerse siguiendo las normas más modernas de urbanismo y seguridad, invirtiéndose el dinero que se requiera, para el efecto de evitar en adelante, nuevas situaciones que lamentar. Es algo que puede y debe hacerse, porque resulta sarcástico y sádico, decir que hay dinero y que no tenemos planes para invertirlo. ¡Jamás debe repetirse una situación en la que la ayuda no pueda llegar con la prontitud que se requiere! Además, tampoco puede ser una actitud solamente emocional y del momento, para salir en la TV, en los demás medios de comunicación o simplemente para que su nombre sea conocido. Tiene que ser una labor permanente, para que las ciudades se encuentren permanentemente preparadas para hacer lo menos doloroso, el daño que fenómenos de la naturaleza, como el ocurrido, causen tanto daño. Paz a los que han caido en esta vez y el compromiso permanente de quedar expuestos a una nueva imprevisión. Hacemos llegar un fraterno y caluroso abrazo a cada uno de los damnificados.

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