Publicado originalmente: 23-09-2007

1. Introducción
El autócrata que traicionó una esperanza

El caso de Alberto Fujimori, es muy especial. Muy pocas veces un Presidente o un conductor de masas, que ha sido elegido por ellas y que resulta casi un predestinado, ha caído en errores tan profundos, que no solamente ha perdido la legitimidad en esa conducción, si no que con una mano borró todo lo bueno que hizo o pudo hacer con la otra. Esta falla debe acumularse a las miserias del ser humano, que es capaz de llegar a las cumbres más elevadas; pero, igualmente, caer al más profundo de los abismos. No se diga que en el caso del personaje, que nos ocupa, fue algo imprevisible, al menos en materia pública gubernativa, que lo manifestó claramente cuando ingresó a la arena política; sino que apareció de lo más recóndito de su ser, cuando teniendo el poder en sus manos, digamos que se perturbó y sin medir ni pesar el entorno, el contexto en que se desenvolvia, tiró por la borda todo aquello que pudo haberlo llevado al camino del éxito más admirable que le presentaba el momento histórico que vivía el pais.

Quien no había tenido una vida pública anterior dentro de la política del pais y era más bien un formador de profesionales, con una inteligencia que demostró su capacidad productiva, recurso que de haberlo utilizado adecuadamente en el gobierno de la Nación, lo hubiera hecho, tal vez, el autodidacta de la política con más éxitos en la historia del Perú. Quizo quemar etapas y en un arranque desenfrenado, a poco tiempo de encontrarse ejerciendo el poder con toda amplitud y contando con recursos más que suficientes para lograr la unión de las mayorías políticas, que, en ningún momento, fueron afines al movimiento senderista que afectaba la vida nacional, cometió la equivocación de arrasar con las instituciones del Estado peruano, que más bien, debieron servirle como instrumentos para su buen gobierno. Se obnuviló, no supo escoger a la gente que se convirtiera en los colaboradores de un régimen revolucionario, en el sentido de transformador. No vió que podía poner al pais en los caminos de la vida moderna y superar las trabas que se venían arrastrando desde la fundación de la República, e hizo uso de un manido recurso que otras personas sin talento ni intuición para el manejo de la cosa pública habían hecho cada vez que querían adueñarse del poder, en forma absoluta, sin transformar nada mayormente y sin señalarle al Perú, el rumbo necesario para crecer y desarrollarse.

Él, como nadie, estaba en condiciones de tomar medidas de gran trascendencia, que llegaran hasta los orígenes de las ideas-madre que hicieron de este pais, una República. Su familia era pequeña, porque su origen estaba en el Japon y estamos seguros que sus amigos tampoco eran numerosos. De modo que no habían compromisos que respetar o romper. Los amigos políticos, los había ganado en la campaña electoral y provenían de los estratos medios, profesionales, empresariales y de dirigentes religiosos; es decir, mayormente de trabajadores manuales más que intelectuales. Su contacto con la juventud, también le resultaba favorable, porque había sido profesor universitario de Universidad Nacional Agraria de La Molina, Decano, Rector y luego, Presidente de la Asamblea Nacional de Rectores. Tenía amplia libertad para elaborar un Plan, que bien organizado, podía ser presentado a los políticos vanguardistas y siguiendo una orientacion democrática, humanista, llegar a donde ninguno de sus antesesores en el cargo pudo hacerlo. La oportunidad se le presentó calva. No olvidemos que sus pretensiones eran de ser senador, y sólo porque la Ley Electoral de entonces, se lo permitía, candidateó, también, para la Presidencia de la República y en esos azahares que nos presenta la vida, logró lo que no buscó directamente, sino que le cayó, a él, sí, del cielo.

Sin embargo, inexplicablemente buscó demoler todo de porrazo. Todavía resuena en los oidos de los televidentes de entonces (1992), las palabras que dijo: “hemos resuelto disolver, disolver…, el Congreso, intervenir el Poder Judicial y todas las instituciones públicas, constitucionales y legales…” , haciendo del pais, un terreno de arenas movedizas. Si bien algunas de las medidas que tomó, tuvieron resultados pragmáticos, como combatir y capturar a los líderes subversivos, arrasó con instituciones que no resultaron mejores después de las medidas tomadas. Y si por otro lado, luego de una derrota ante el pais fronterizo norteño (Ecuador), logró un tratado de paz. Éste nos dejó una profunda herida en el corazón, al ceder un kilómetro cuadrado del territorio nacional, con una explicación que a muy pocos pudo convencer. Las medidas económicas que tomó fueron duras y si bien el pais dejo de tener grandes crisis económicas, tampoco se pusó en camino del desarrollo.

¿Qué había sucedido? El personaje se volvió un autócrata, se rodeó de un asesor gansteril (Vladimiro Montesinos) y de gente marginal, arribista y hasta lumpen, que esquilmaron la Hacienda pública. Se enriquecieron y cometieron los más execrables abusos, sin reparar en nada ni respetar a nadie. Cuando se presentó el incidente del MRTA en la residencia del embajador japones en Lima, no tuvo reparo en ordenar su allanamiento militar y no dejar una persona viva del grupo de secuestradores. Se formaron grupos de aniquilamiento, y sobre todo, se enriquecieron, al parecer, todos los miembros con poder de decisión en el gobierno, corrompiendo, junto con Montesinos y el General Hermoza Ríos, a los altos jefes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, sin respetar vidas, honras, patrimonios ni fortunas honestamente logradas; buscó perpetuarse en el poder a cualquier precio. Pero, como el exceso de poder, en todas partes y en todos los tiempos, corrompe, los socios mayoritarios se pelearon y se produjo un espectáculo bochornoso al aparecer los “famosos” videos, que al ser propalados por la televisión, hicieron ver la “entraña gansteril del régimen”, como dijo un político entonces en vigencia.

Así fue como ese gobierno, que contó con la mejor oportunidad y recursos para hacer del Perú, un pais nuevo y que se pusiera en la búsqueda de la promesa de la vida peruana (la República), a la que había aludido el historiador Jorge Basadre Grohman; se perdió en el camino, demostró cuán perverso y malvado era el aparentemente predestinado y cómo sus colaboradores, no creemos que todos, como sería lo justo, hayan acabado en prisión, por primera vez en el Perú.

Y, hoy dia, después de que el hombre de marras, que renunció a la Presidencia de la República, desde Tokio (19/11/2000), en la tarde de hoy, ha llegado extraditado del vecino pais sureño (Chile), a impulso de la justicia peruana para enfrentarse a los numerosos procesos judiciales que se han abierto en su contra. Cuando políticamente se encuentra, además, inhabilitado por el Congreso, desde el 22/02/2001, para ocupar cualquier cargo público durante 10 años, en aplicación de la Constitución que el mismo alentó, con soberbia y maldad.

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